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De lingua hispana noviembre 11, 2005

Posted by Closto in Linguae.
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No podía ser de otra forma: mi primer texto en esta sección tiene que estar dedicado al español, al castellano, a la lengua hispana, íbera o ibérica, en resumen, a ese maravilloso idioma que tengo el honor de tener por materno.

Cuando nacemos, la verdad, el concepto de un idioma es algo que nos queda más bien lejos, nos importa bastante poco (por no decir “nada”). Por suerte, poco a poco vamos tomando conciencia y consciencia de todo lo que al ámbito lingüístico se refiere, obviamnete, en el seno familiar; y así, creciendo entre vulgaridades, coloquialismos y cultismos, vamos descubriendo una realidad tan irreal como verdadera, tan sólida como inmaterial, tan útil como intangible, es decir, vemos lo que el paisaje de las letras nos ofrece.

Con el tiempo hay gente que se acostumbra a vivir en ese paisaje pero no lo aprecian ni lo cuidan. Vale, no les puedo reprochar que no lo aprecien, al fin y al cabo, las matemáticas, a mí, hace años que no me gustan (es un mero ejemplo). Ahora bien, eso sí, no puedo aceptar que no lo cuiden. Si yo hago algo, trato de hacerlo bien, respetando las normas (sobre todo si es algo que todos utilizan), etc. No pido resultados sino esfuerzos. Y esfuerzos por algo que es de todos, razón de más para darle un cuidado digno de algo de uso público, libre y especial pues nuestra lengua es única, plural en variantes y diversa en formas; rica, preciosa, divina. Celestial.

Algo que hace que el castellano sea tan bonito es, entre otros millones de cosas, que sea una especie de resumen de tantas y tantas otras lenguas de un modo descarado (tanto histórica como lingüísticamente hablando), es decir, que, como España ha sido un punto de encuentro entre tantas y tantas culturas, se han ido agregando palabras de muchos idiomas (en todos los idiomas se han ido agregando palabras de muchos otros idiomas pero España ha sido un punto central en todo esto y todo coge un aspecto más “natural”). Si empezamos por las civilizaciones antiguas (fenicios, griegos, romanos…), las cuales dejaron un importantísimo legado y seguimos por las aportaciones cristianas y arábicas, vemos que tenemos la gran base del español moderno, ornado con palabras germánicas y de naciones bárbaras al imperio romano, las renacentistas palabras americanas, alguna aportación africana, japones, mongola, italiana et cetera (los gentilicios se basan muchas veces en palabras del propio lugar al que se refieren). Y me quedo corto.

Bien, la mayoría de vosotros me diréis que soy un exagerado, que escribo sin pensar, que eso pasa en todos o en la mayoría de los idiomas y que este artículo no vale un real, pero, decidme, ¿qué se puede esperar de un hombre que pierde el aliento sin un idioma como un tiburón pierde el aliento sin sus aletas? ¿Qué se puede esperar de un hombre que ve su lengua como las abejas ven las flores? En definitiva, ¿qué se puede esperar de un hombre que ama, tan simple como contundentemente, a su propio idioma, que lleva de una boca a unos oídos comentarios diaros de pesar, duda, esperanza, tristeza, alegría, amor, desesperación, ternura y dolor, entre otros millones de cosas? Mi idioma vale más que todo el oro del mundo y en ningún momento he exagerado nada. Os puedo pasar que este artículo no sea interesante, que sea poco original, que sea aburrido, que sea hijo del delirio o que el desorden sea el rey de este feudo, pero no podré tolerar que se diga que es exagerado, que sea una mentira o que no sienta lo que escribo. No cabe en este artículo toda la devoción que siento por esta diosa y con cada palabra que escribo nacen centenares de ideas con que me gustaría conectarla (lo cual explica el delirium tremens que se aprecia este texto), así que se me quedan en el tintero muchísimas cosas por decir.

En resumen, lo que en principio iba a ser una apología formal y organizada ha acado siendo un caos de pasión liberada (el placer que da el escribir este tipo de artículos es ciertamente indescriptible) con que abordo un tema tan bello, tan hermoso, tan lindo (pronunciado con acento americano es una palabra de la que gozo especialmente) y tan perfecto (el español es un idioma perfecto) que su solo nombre hace que tiemble. Español. Castellano. Dios salve este idioma.

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