Shit happens Marzo 30, 2009
Posted by Closto in Existimationes, Littera, Themae personales.8 comments
Vaya, hace mucho desde la útlima vez que publiqué algo en mi blog. Os pensáis que lo tengo abandonado, pero NO. Resulta que la gente sigue enviando dudas a nuestro consultorio de Zelda, el cual es posible que movamos a otra página el señor Hóskar, a quien mando un beso enorme, y un servidor. Pero aquí vengo otra vez, dispuesto a escribir un poco más debido no a la estúpida crisis que surgió a causa de que todo el mundo se la creyera sino a raíz de la nueva presidencia que tendremos en mi pequeña pero matona comunidad autónoma.
Pues érase una vez una comunidad autónoma en que una dictadura nacionalista duró 30 años (más o menos). Ajeno a la mierda que se manejaba en los altos cargos (curiosa paradoja que los altos cargos sean bajos fondos), un niño creció y vivió como buenamente pudo en la ciudad más importante de la comunidad. Pero un día, ya mayor, se enteró de que, antre otros muchos trapos sucios, contaban en el partido de los dictadores con el que limpió toda la vergüenza de la sede, por lo que no quedó ni una sola mota de ese molesto alergénico. Habían limpiado todo el edificio para que el nuevo presidente, de otro partido, tuviera todo reluciente y así fuera más feliz en el democrático ejercicio de sus deberes como representante social.
Una de las primeras medidas que el nuevo trabjador social decidió adptar fue la de quitar unas subvenciones puramente económicas a las familias de la gente que se dedicaba a pelearse estúpidamente con las otras gentes vecinas de pueblos vecinos. Esto llevó al enfado de muchos, incluido el de Vergastián, el chico ya mayor, que no supo de tal atrocidad hasta varios años después de su puesta en práctica.
Los multimillonarios gastos que se dedicaban a fomentar indirectamente una guerra contra la que se suponía que se estaba luchando provocaron una enorme decepción en Vergastián. Comprendió ese día que la dictadura no podía caer más bajo y que todo el que la secundaba se iría al infierno, aunque aprendió que los condenados querían vengarse y hacer pagar a los justos lo que ellos, pecadores, iban a sufrir por ser tan sí como eran. Vergastián estaba triste porque sabía que los malditos, que así los llamaban, de tener una mínima voluntad por hacer el bien y propagar por la preciosa tierra a la que pertenecían un amor por la vida y la alegría, habrían podido hacer cosas mucho más grandes, o, como decían por esas lejanas tierras, podrían haber hecho incluso alguna cosa buena.
Moraleja: apoyar al PNV sólo hace que nuestro precioso País Vasco se vea envuelto en un manto de miseria y pobreza de alma eternas. Dar dinero a esas familias es mucho más que derrochar dinero: es demostrar al mundo que podemos ser gentes cuya estupidez sale de los límites. Y si encima se adelanta un año de ese descarado despilfarro para que los señores del PSOE no puedan dejarles 4 años sin ese dinero, lo subraya con amarillo fosforito.
Me avergüenzo de la gente que se vanagloria de defender y apreciar a ese partido, como el señor Fernando Lamikiz, que lo lleva en la sangre (según declaraciones suyas a El Correo), que además arruinó, el muy cabrón, al equipo de fútbol de esta fantástica ciudad. Y me avergüenzo de sus blancas sonrisas (si se leen estas palabras en euskera, se verá su verdadero significado) y su apariencia de seda y lino. Me avergüenzo de que sean ellos los que den imagen de una tierra verde más digna y antigua que ellos y toda su estirpe. Pero ya lo dicen las lenguas de la calle: aunque a la mona la vistan de seda, mona se queda.

En este blog se adora a Yoshi.

Bando por la Liberación Gay.