Has it been such a special day? Abril 28, 2008
Posted by Closto in Casus, Littera, Themae personales.2 comments
Has it?
Thank you all.
I am sorry… again! Abril 23, 2008
Posted by Closto in Casus, Littera.3 comments
Sí, gente, sé que os he dejado tirados, pero los millones de proyectos y presentaciones que tenemos que hacer dan mucho trabajo. Y sí, Ukey, soy vago para los trabajos, pero poco a poco (muuuuuuy poco a poco) avanzan.
Besos, gente. Volveré en cuanto pueda.
El arte de la guerra Abril 15, 2008
Posted by Closto in Existimationes, Littera, Themae personales.2 comments
El arte de la guerra se basa en la indecencia de dos personas que tienen suficiente dinero, labia o violencia para convencer u obligar, y poder para hacer que millones de personas se maten por ellos. Es la triste historia de trillones de muertos y vencidos, nunca vencedores. Es lo curioso de la guerra el que nunca una parte gane. Los supuestos victoriosos no son más que gente que ha matado más o que ha matado mejor (entiéndase por “sabiendo cómo o dónde matar o pegar más fuerte”), nunca lo son por mérito o decencia o medalla.
Nunca una guerra ha sabido solucionar bien las cosas, y aunque en principio se usa como última instancia en un conflicto, sólo consigue destrucción, desgracia, desgarro y odio. Pongamos como ejemplo la Primera Guerra Mundial. Si los franceses ya son bastante asquerosos, odiables y complicados de tragar y digerir, que restregaran su “victoria” y robaran tierras y poderes y tesoros y derechos a Alemania y a los alemanes, es normal que sólo llegaran a dirigir al continente a la Segunda Guerra Mundial.
De todos modos, no hay guerra buena, y eso lo estoy redescubriendo gracias a Clarie Firth y su asignatura sobre Historia y Cultura de América. Por lo que parece, la guerra civil norteamericana fue una de las más cruentas y asesinas que se conocen. La verdad es que me da lo mismo que pelearan por su tierra o por las patatas del Perú. Al final, los pobres soldados literalmente raptados y forzados a luchar, los pobres ingenuos que creyeron que una tierra que es como todas las otras, los pobres ilusos que soñaron con huir y volver a empezar desde cero y tantos y tantos pobres más acabaron cayendo en las garras de la Muerte, y todos murieron por nada, puesto que nada vale más que sus vidas. José Ortega y Gasset ya nos prevenía de que morir por una idea es echar por la borda tu vida, y la verdad es que es bien cierto, ya que causas hay muchas y la presión se puede hacer poco a poco, pero vida sólo hay una y puede expirar en un segundo.
¿No es bastante justificación el dolor, los pesares de las campañas, las malas experiencias, los efectos psicológicos, la sangre, la peste, el hedor de los muertos y de las heridas sangrantes…? ¿No es bastante? ¿Y qué tal la justificación de que esa guerra, a los dos años de terminar, queda sin justificación alguna? Porque las guerras se condenan y se desprecian. ¿Has de luchar por nada? ¿Has de matar por nada? ¿Has de intentar sobrevivir a una pesadilla añeja para despertar y ser abofeteado por tenerla? ¿De qué te sirve ser soldado si tu trabajo será visto como innecesario, totalmente prescindible y merecedor de ningún recuerdo? Porque las guerras se olvidan y se condenan, y nada es como antes. Deberían prohibir las guerras. Porque en las guerras muere gente, y sobre todo civiles, gente que no quiere saber nada de la desgracia, personas que no anhelan más que poder vivir sin miedo a salir a la calle o asomarse a una ventana. Hombres que dicen que si los gobernantes quieren bronca, se la solucionen a tortazo limpio como hacen los borrachos cuando tienen una botella en medio. Gente decente.
Y es que la muerte no es cosa de risa. La muerte es el fin del camino, el no poder saber nada más. La muerte es no ver, no sentir, no pensar, no llorar, no reír, no amar, no odiar, no contarse chistes ni chismorreos, no hablar, no chillar, no susurrar, no hacer el amor, no pegar, no correr, no andar, no creer, no tocar, no anhelar, no gozar, no nadar, no ver el mar ni los pájaros ni recordar el nombre de las cosas, no emopcionarse con la brisa o el amanecer o el anochecer, no ver el alba ni ver el cielo, ni sentirse pequeño frente al horizonte ni grande ante una hormiga, no padecer, no enfermar, no alegrarse ni regalar flores. Morir es olvidar. Morir es olvidarlo todo y dejarlo atrás. Morir no merece la pena si la alternativa es vivir. Hay una eternidad esperando a que pases con ella la noche, mas es una noche ambiciosa y atrayente. Te seduce y hace que huyas del sol sin quererlo. La muerte ha de tener forma de niño. Por eso, antes de precipitarse a ella con cañonazos y disparos de metralla, es mejor, como dice Sabina, vivir la vida un poquito. No yerres, no corras. No tengas prisa por acercarte a la estación. Prueba la comida que te da el cocinero, observa el paisaje y disfruta de las películas que te pongan. Usa todos los servicios que tienes al alcance, que para algo están, y pide al maquinista que no acelere, que no hay prisa, que siempre se acaba llegando.
Palabras como espinas Abril 2, 2008
Posted by Closto in Casus, Homines, Littera, Officia, Themae personales.11 comments
Por muy poco que me guste hablar de estos temas, la muerte llega igualmente sin preaviso. Y siempre he tenido miedo de que me llevara con ella antes de que dijera todo lo que tengo que decir y conseguir todo lo que tengo que conseguir, por eso siempre ando apurado, con la sangre hirviendo llena de palabras que me cruzan por el cuerpo y que no saben cómo salir. También tengo muchas cosas que me carcomen porque no sé cómo soltarlas, y acumulo palabras y más palabras hasta hacer montañas que luego no llegan siquiera a la mitad de lo que quiero expresar. Una de esas cosas me ha asaltado estos días debido a dos textos que han querido acampar en el camino de mi vida. Uno de ellos me llegó anoche y consiguió que me acostara con los ojos mojados. El otro lo llevo elaborando yo mismo desde hace varios días, aunque la idea ya me rondaba desde hace mucho. Y es por culpa de esos dos hijos de malas mentes que me han asaltado, como tantas otras veces, recuerdos. Recuerdos de tiempos cuyo tiempo no supe aprovechar, recuerdos de días que no se terminaban nunca y de noches que se alargaban con elástica facilidad. Son noches en que las risas y las miradas protagonizaban en un monopolizante acto una relación que la distancia no podrá romper. Yo no me olvido, ni me olvidaré, de Él. Y Él no podrá olvidarse de mí porque le persigo con enfermiza insistencia. Incluso con el tiempo recuerdo nuestro paseo por la parte trasera del instituto con la panza llena y varias listas sobre nuestras películas favoritas comentadas y moldeadas durante una cena que, si bien no de la mejor calidad, era suculenta, y encantadora por su compañía. Hoy en día, esas sonrisas y esas miradas se convienrten en lágrimas en los ojos que no me salen sino a mares. El tiempo cambia muchas cosas, pero no me cambia los recuerdos.

La verdad es que siempre digo lo mismo, que acabará hasta las pelotas de mis infantiles rabietas y excesivamente melosos artículos y mensajes (ya sólo me falta mandarle una carta). Por una vez, trataré de evitar decir su nombre, aunque no sé si podré. Total, Él sabe perfectamente que es Él y muchos de mis cercanos también saben quién es. En cualquier caso, habrás de perdonarme otra vez por escribir este tipo de cosas. No es que no me canse de escribirlas, es que desde que no te lo puedo decir a la cara (o que tú me lo leas en la cara, mejor dicho) no encuentro otro modo de que recuerdes que como yo sólo te pueden querer un par en Santander (y hasta habría que verlo).
La verdad es que ninguno de los dos era muy normal. Fuimos tan anormales que ni siquiera nos estrechamos la mano cuando hablamos por primera vez. Él y yo nos conocimos por internet. Jamás creí que podría salir nada especial de un mundo que se rige por un alfabeto que consta de dos números, pero pasó. De todos modos, no éramos normales. Porque hay que ser anormal para quedar una segunda vez cuando uno le pareció al otro un muro con demasiado cemento y el otro le pareció al uno una goma elástica dada de sí. Tampoco es de gente normal buscar en un hombre que el destino marcó de incompatible un acompañante para una noche loca entre semana en un apartado local. Y menos normal es aceptar.
No sé cómo terminó sucediendo, pero al final acabamos juntos. Juntos en espíritu, como dirían Maná, y poco a poco más juntos físicamente. Nos ocupábamos las tardes mutuamente con el mayor de los amores y así pasaron los días, las semanas y los meses. Al final un día me dijo: “Closto, me voy”. Mil proyectos, como el de Sin Censura, proyectos de ilusiones y de alegre compartir, cayeron por un abismo de sombras hacia la más recóndita oscuridad. No diré que vi roto nuestro futuro, pero sí algo rasgado. Yo lo tenía y creía tan mío que de pronto, incluida la ilusión de verle y de oler sus sudorosos poros todos los días, se rompió su figura en millones de trozos y desde entonces siempre he tenido legañas. Me quedó de él el recuerdo, siempre el recuerdo, una promesa aún sin cumplir y muchas ganas de vivir en la misma ciudad.
Es curioso cómo el tiempo parece no pasar cuando estás en buena compañía. Vuela, pero a ti se antoja una eternidad. Supongo que la sensación mezcla el gozo de estar con esa persona tan especial y a la vez el sentimiento de que está bien y que está contigo aunque no lo veas por ningún lado. Porque con ciertas personas, hasta los enfados son un paraíso.
Esto es lo que llevo clavado en el corazón desde que me miraste por primera vez y me viste como un enano arrogante, lascivo, superficial y soberbio; porque no alcanzo a arrebatar a mi núcleo esa rosa negra que se nutre de mi sangre y que vive porque vives, y porque tampoco quiero hacerlo; porque no alcanzo a comprender mi vida sin ti. Te lo he dicho más de una vez, pero te lo repito: siempre he creído que llegaríamos a ser la pareja perfecta. ¿Sabes qué te digo? Eres un perfecto hijo de puta. Me resumes cuando te miro, me perdonas cuando lloro y me abrazas aunque seas tú quien tiene frío. A veces pienso que no es lo nuestro el amor de los enamorados, sino que es mucho más, y por eso nunca me canso de ti, ni me alegro cuando te quedas solo ni me enfado cuando encuentras a un amable ricachón que acaso planee llevarte en yate por todo el mundo. Qué cruel es el mundo al no dejarme tenerte conmigo. Adorno de lágrimas para este artículo.

Bueno, ahí lo tienes. Es el cuarto, creo, que te escribo. Esto lo has conseguido tú con tu maldito carisma y tu endiablada labia. No sé por qué mereces que se te quiera, pero la verdad es que lo mereces por justicia. Me has aportado y ayudado en muchas cosas, lo sabes, y después de valorar todo lo que hemos vivido juntos y todo lo que habría querido que hubiéremos vivido juntos, sólo sé decir que el mundo sin ti no sería tan mundo, y que la vida sin ti, no sería vida.
Gracias por haber nacido.
Premios raros Abril 1, 2008
Posted by Closto in Casus, Littera.9 comments
Ukey me ha concedido el premio a los blogs más majos y mejor cuidados. Yo creo que me loi ha dado por pena, aunque se lo agradezco igualmente. Muack!
IEM también ha querido halagarme con este premio, aunque siendo ella tan sensata, no sé cómo ha podido caer tan bajo. Mil millones de gracias de todos modos. Muack!
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Ahora me toca a mí entregar premios a siete bichos que pululan por la red. Aquí va mi deliberación.
1- Just me. El blog de Ukey. Sin más. Creo que lo conocéis. Deberíais conocerlo.
2- Yuhaspace. El blog de Yuha. Es único. Si no habéis entrado nunca, pudríos en el infierno.
3- IEM. Otro de los clásicos. No IEM, no way.
4- La casa 12. El arcoirístico blog de un hijo de la ley.
5- The cave of Polyphemus. Cueva de horrores variopintos.
6- Escrtios de un elfo solitario. El blog de Íbiel, más conocido como “el elfo”.
7- Lizar queen. El blog de la lagartona. Tiene tantos artículos como novios, aunque a veces resulta algo monjil.
Pues eso, que muchas gracias a los que amenizáis la red y a los que me habéis otorgado el premio. Y no sé qué más deciros. Bueno, sí, que sigáis adelante con vuestros blogs y que folléis mucho. ¡Besos!

En este blog se adora a Yoshi.

Bando por la Liberación Gay.